lunes, 3 de marzo de 2014

LA IDEA FIJA de Pablo Rotemberg




Hay cuerpos, dispositivos de poder, terreno del amor, elementos de la danza, utilitarios de las vanidades, víctimas de la luz y la oscuridad, manipulaciones del movimiento.
Cuerpos: tácitos, nocturnos, musculosos, marcados por los contornos, faltos de aire, ejercitados por el vicio, vapuleados por el tiempo que los ejerce, los torsiona, los envejece.
La idea fija propone ver al cuerpo en constante movimiento, con sus infinitas posibilidades de formas y movimientos, giros y combinaciones. Permite imaginarnos sus relaciones de poder, sus interacciones con otros cuerpos, iguales o disimiles, y da lugar al sexo, elemento que rige la vida desde sus comienzos, pero que fue y es tan desplazado de plano para ser convertido en tabú y pecado.
Aquí el tabú no existe, ni el pecado. Todo lo contrario. El placer se levanta en armas y se adueña de las manos y de los cuerpos de los actores. Estos son utilizados por él para develar la poción mágica de la libido y la obsesión. Pero como dije antes, el poder por sobre todo.
Hay closets. Estas en el closet, salís del closet, entras, te adueñas de él. No entras al closet, sos libre, entonces… estas por fuera del poder?
Sin embargo, hay límites. La piel de cada uno es un límite, el desnudo es el límite. Después de toda la ropa no hay nada más para sacar de esos cuerpos agiles, erguidos, en posición de ofrenda hacia el publico sobre el final, porque ya no hay nada más que mostrar.
Me pareció muy destacable la actuación y resistencia de todos los actores bailarines, principalmente Alfonso Barón, quien desde principio a fin posee un manejo de su cuerpo, desde la proporción del movimiento hasta el grado de versatilidad con la que lo maneja.
Les ofrezco una crítica diferente porque esta obra es diferente. Imperdible. 






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