sábado, 30 de marzo de 2013

QUIERO DECIR TE AMO de Mariano Tenconi Blanco


Ficha Técnica:

Elenco: Mariángeles Bonello y Yanina Gruden
Música en vivo: Ignacio Llobera y Santiago Johnson
Escenografía y Luces: Merlina Molina Castaño y Mariano Tenconi Blanco
Vestuario: Merlina Molina Castaño
Colaboración en Vestuario: Mariángeles Bonello, Yanina Gruden y Marina Ortega
Asistencia de Vestuario: Vanina Vargas
Maquillaje y Peinado: Gabriela Illarregui
Música compuesta por Ignacio Llobera y Santiago Johnson, salvo “Sous le dôme épais” de la ópera Lakmé (música de Léo Delibes y libreto de Edmond Gondinet y Philippe Gille)
Fotografía: Lucas Coiro
Diseño Gráfico: Gabriel Jofré
Producción Asociada: Berenice Mazzarelli
Asistencia de Dirección: Marina Ortega
Texto y Dirección: Mariano Tenconi Blanco
Prensa: OCTAVIA Comunicación y Gestión Cultural www.octaviacultura.com.ar



Breve, intima, osada.
“Quiero decir te amo”  nos lleva a una habitación llena de música y amor, colmada de lagrimas que se escurren a través de las mejillas del deseo. Yanina Gruden y Mariángeles Bonello encarnan a dos enamoradas que se conocen a través de un apasionado intercambio epistolar.
Producto del deseo de una y de los celos de la otra, se encuentran envueltas en una situación extraña para una época cualquiera, en la cual está ambientada la pieza. No importa cuál es ese tiempo. El amor no tiene tiempo y los besos tampoco. Un beso entre mujeres está cargado de sensualidad en cualquier tiempo y en cualquier lugar.
Lo que se nos presenta es diferente, pero no por completo. Desde el género epistolar, las pocas butacas de la sala proponen un viaje con rumbo incierto. La sala es una forma de decir, porque en realidad es una habitación; como cualquiera de casona vieja porteña, cuyo techo alto nos da un horizonte lejano en donde mirar. Un violín y un oboe, ambos dulces, nos acarician en ese sueño de amor del cual somos testigos. Y el canto a viva voz de “Sous le dôme épais” de la ópera Lakmé nos dice todo.
Claro que al principio nadie sospecha el final, lejano está de ser adivinado o predicho. Pero poco importa.
Como los hombres que sellan honor con sangre de sus brazos, estas amantes invocan su amor también con sangre, pero la de sus vientres.


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